Digitalizarse es muy importante, pero primero hay que conocer el viñedo a fondo

Going Digital

Autor:

Equipo Terraview

Entrevistamos a Elena Rivilla, responsable de viticultura de Pago de Carraovejas.

Cuando llegó a Pago de Carraovejas en 2008, Elena Rivilla venía de hacer unas prácticas en una bodega de la DO Toro. Poco antes había terminado la carrera de ingeniería agrícola, especializándose en viticultura para luego estudiar enología.  Era la única chica en un equipo de dieciocho personas y probablemente no imaginaba que acabaría dirigiéndolo, y que esta bodega en el pueblo vallisoletano de Peñafiel sería su casa durante los próximos trece años. Como responsable de viticultura ha presenciado y protagonizado la evolución de una empresa familiar que se ha convertido en uno de los referentes de innovación y sostenibilidad en España.

En esta conversación con Terraview habla de la importancia de la innovación, del trabajo en equipo y del respeto a la naturaleza. No en vano, el grupo responde al nombre de Alma Carraovejas. Hoy, bajo su paraguas, se cuentan bodegas de referencia como Ossian, Milsetentayseis o Viña Meín-Emilio Rojo.

Poda de respeto, un elemento crítico en el cuidado de la viña

Uno de los temas recurrentes en la entrevista es la poda. Tal como ha sucedido con numerosas bodegas, los sistemas utilizados tradicionalmente reducían la longevidad de la vid y la exponían a enfermedades. “Cuando ves viñas que utilizan la poda tradicional, te preguntas cómo hemos sido capaces de tratarlas así en el pasado…”, dice con un suspiro. “Pero claro, se pensaba que eso era lo mejor para la planta”. En los últimos años han apostado por una poda menos agresiva, formando al personal en un campus de poda con una empresa líder, especializada en la fisiología de la planta y su respeto. Así, cuentan con una parcela experimental donde están probando técnicas como la poda en candelabro, subiendo los pulgares de manera circular.

“Antes, buscando que se regenerase la planta, se realizaban cortes muy gruesos que forman conos de desecación, madera muerta, que impiden el flujo adecuado de la savia. Eso también va asociado a enfermedades de la madera y a la propia longevidad de la planta”. En ese aspecto, tal como en otras cuestiones tecnológicas, han tenido que llevar a cabo una transición con el personal. “Son personas que llevan toda la vida podando de una manera y hubo que cambiar de modelo. Ahí, acompañar a cada miembro del equipo a diario ayuda mucho. Al final la cuadrilla se ha adaptado muy bien”.

Por último, están investigando un organismo vivo con potencial cicatrizante, conocido como trichoderma, a partir del suelo de su propio viñedo -suelo y cepas- para tratar los cortes en la poda y prevenir enfermedades de la madera. Tal como sucede con su utilización de levaduras autóctonas, Rivilla considera que este trichoderma será más eficiente y beneficioso.

Sostenibilidad, uno de los pilares de la bodega

Aunque más adelante hablaremos del componente tecnológico de Pago de Carraovejas, no se puede dejar de lado el enfoque medioambiental y sostenible. “Aunque tenemos parte del viñedo certificado como ecológico, esa filosofía se extiende a toda nuestra producción”. Como ejemplo, menciona las prácticas de agroforestería, con la plantación de encinas, almendros y zonas boscosas en las inmediaciones de las viñas para crear un ecosistema de gran riqueza. “Eso es importante también a efectos de la disminución en la huella de carbono”.

Además, en la propia viña, las cubiertas vegetales han demostrado una gran utilidad: “Llevamos varios años trabajando también con cubiertas vegetales, que varían anualmente en función de la climatología anual y las analíticas de suelo y humedad. Para nosotros es una herramienta natural. En las partes bajas, la cubierta vegetal se utiliza para reducir el vigor de las plantas, mientras que en las pendientes permite minimizar la escorrentía del suelo”. Paralelamente, esta práctica fomenta la biodiversidad de las parcelas. También han hecho ensayos con mulching, es decir, cubrir el suelo de la viña con paja o materia orgánica para mantener la humedad y potenciar la microbiología. Por último, trabajan con fertilización orgánica.

Un proceso de digitalización constante

Pago de Carraovejas cuenta con un potente departamento de I+D+i que está detrás del proceso de digitalización de la bodega. “Somos una empresa familiar, muy apegados a la tradición, pero a la vez estamos muy interesados en la tecnología. Los primeros pasos los dimos con las estaciones climáticas, partiendo de un estudio muy profundo de zonificación de suelos. Tuvimos en cuenta parámetros como la ubicación, las variedades de uva, el tipo de suelo, la altitud, la pendiente y otros factores. A todo ello hay que sumarle la experiencia de nuestro personal. Los llamamos puntos de seguimiento detallado”. Las estaciones, además de datos en tiempo real, les ofrecen predicciones climáticas.

Posteriormente, llegaría el trabajo con imagen aérea. “Empezamos trabajando con drones para, basándonos en imágenes NDVI y térmicas, crear modelos de fertilización o de riego, o incluso ver las áreas afectadas por una helada. Últimamente cada vez estamos más centrados en tecnología de satélite. Esto nos permite comparar históricos de añadas y fechas”. Otra de las líneas de trabajo ha sido el uso de un quad que mide la conductividad eléctrica del terreno y genera mapas de zona de distintos elementos. Pero siempre sin perder de vista el elemento humano. “En todo caso, las visitas a campo son fundamentales. Estas herramientas nos ayudan, pero conocer el terreno y trabajar en equipo, la conexión con el personal, es muy importante”.

Uno de los retos a los que se enfrentaron con el creciente caudal de datos era la dispersión de toda esa información. Así, la centralización de todos los datos y la visualización de imágenes ha sido una de las prioridades en los últimos tiempos. “Cuando estás en campaña, debes tomar las decisiones casi al momento, así que tener datos y análisis accesibles es vital”. Cada uno de los miembros del equipo va introduciendo los datos de cada intervención, incluyendo poda, fertilización y aclareos. “Ya hemos logrado volcar todos los datos, lo que ha supuesto un trabajo considerable”.

Sin embargo, los ensayos tecnológicos no siempre han sido satisfactorios. Pone el ejemplo del uso de visión artificial para la estimación de cosecha. “El problema es que no deshojamos apenas y muchos racimos quedan ocultos, así que la máquina no los registraba y la estimación no era precisa”. De modo que, por ahora, han vuelto al método manual.

Como balance de este proceso hace una recomendación: “Para acometer una digitalización exitosa, hay que analizar muy bien la viña, tanto las características de suelo como climáticas, realizando estudios de zonificación, y así obtener datos relevantes”.  

Mimando cada parcela

La bodega cuenta con 160 hectáreas de viñedo, distribuidas entre la ladera de Carraovejas, y desde las que se contempla el imponente castillo de Peñafiel, y otras parcelas con nombres evocadores como Espantalobos o Terrazas del Anejón. Además, trabajan con proveedores externos con alrededor de medio centenar de hectáreas. Estas diversas viñas les surten de tempranillo principalmente, y cabernet sauvignon y merlot que utilizan en sus coupages, con los que producen sus reputados tintos. “Trabajamos muy de cerca con todos los departamentos. A su vez, dentro del departamento de producción, participamos en catas y vemos lo que puede aportar cada parcela, el tipo de vino que buscamos”.

El cambio climático les llevó a explorar zonas más frescas como es el caso de Espantalobos en el año 2016. “Si hace años nos hubieras dicho que ahí podía madurar la uva casi nos hubiera parecido impensable Ahora creemos que la producción que salga de ahí va a aportar una buena acidez a nuestros vinos”. Esta viña les ha permitido también aplicar nuevos sistemas de conducción como el vaso échalas, a la usanza del Ródano, región francesa donde sopla el inclemente mistral. Fundamentalmente, consiste en atar los pámpanos en torno a una estaca de acacia para protegerlos. En esa zona también están recuperando el vaso tradicional, en contraposición a la espaldera de doble cordón royat que protagoniza la mayor parte de sus viñedos.

Entre los técnicos de viticultura suele haber alguna parcela que goza de especial predilección. En el caso de Rivilla, se trata de la parcela del Anejón: “Está casi a 900 metros de altura y tiene la particularidad de estar dividida en bancales, ya que es una pendiente. De ahí salen vinos con mucha mineralidad”.

“Cada parcela nos ofrece unas características muy diferenciadas, y un tipo de racimo con unas características distintas”, indica. Por ese motivo, es crucial un enfoque microparcelario y entender lo que está pasando en cada una de ellas. Y eso lo logran gracias a la mirada del ser humano en contacto con la tierra y la ayuda de las nuevas tecnologías.

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