La inteligencia artificial está ayudando a producir vinos más naturales. Aunque sea una afirmación atrevida, es cierto que las tecnologías que se están empezando a implantar en los viñedos están ayudando a agricultores y bodegas a reducir el uso de fertilizantes y pesticidas al apostar por estrategias más inteligentes. El riego también se está beneficiando de esta tendencia, ya que permite implementar prácticas más sostenibles y reducir el despilfarro. Y todo ello se reduce a recopilar los datos adecuados y desarrollar herramientas que ofrezcan un análisis instantáneo de lo que está sucediendo en el campo. Estas son algunas de las formas en las que la inteligencia artificial y el aprendizaje de máquinas están desempeñando un papel crucial a la hora de apostar por un futuro vitivinícola más sostenible.

Fertilizantes y pesticidas aplicados con precisión

Los vinos ecológicos están en auge y se espera que durante este año se produzcan más de mi millones de botellas en todo el mundo. Países como EE. UU. registran incrementos anuales del 10-20 % en su consumo. España, por su parte, se ha convertido en el mayor productor de vinos ecológicos del mundo de acuerdo con un estudio IWSR Drinks. Es más, la viticultura ecológica, si bien sigue suponiendo una porción reducida del mercado, ha hecho notar su influencia en el mapa productivo general. Muchas bodegas son ya ecológicas en todo menos el nombre, como es el caso de Ochoa, con base en Navarra, que ha ido eliminando gradualmente el uso de fertilizantes químicos y pesticidas. En general, cada vez hay más productores que buscan reducir el uso de productos químicos y mejorar la gestión de los recursos. Es decir, producir en clave sostenible.

La inteligencia artificial es una de las herramientas empleadas por las bodegas para adoptar un enfoque más selectivo en el uso de fertilizantes, pesticidas y herbicidas. Gracias a los datos obtenidos a través de satélites, drones y sensores de suelo, los sistemas de IA pueden evaluar la necesidad exacta de fitosanitarios y el punto exacto donde aplicarlos. Por ejemplo, el índice de Diferencia Normalizada de Vegetación (NDVI, por sus siglas en inglés) da pistas acerca de la salud de las viñas y permite calcular su masa foliar. Por medio de ese análisis, los agricultores pueden saber qué plantas sufren deficiencias de nutrientes y fertilizarlas en consecuencia. De forma similar, la detección de plagas en sus primeras fases previene el uso abusivo de pesticidas.  

Tal como señala Niël Groenewald de Distell, una bodega surafricana, las ventajas de la IA en la viticultura de precisión incluyen la “reducción en el uso de agua, energía, herbicidas e insecticidas, lo que nos permite ser más ecológicos y ahorrar costes. El resultado final es una materia prima de mayor calidad, una agricultura de menor impacto y el uso más inteligente de unos recursos limitados. Es algo apasionante”.

Energía solar inteligente

El cambio climático ocupa una posición muy destacada en las preocupaciones de bodegas y agricultores, dado que ya están empezando a notar su impacto en la producción. Pero ¿cómo puede adaptarse la industria al cambio y a la vez adoptar prácticas menos dañinas? La quemadura solar de la uva es uno de los efectos más directos del calentamiento global sobre los viñedos. Poder controlar la cantidad de radiación solar que reciben las uvas parece la solución más obvia. Por supuesto, las viñas requieren luz solar para desarrollarse, por lo que el equilibrio es difícil de lograr.

Sun’Agri es una empresa francesa que ha desarrollado una curiosa iniciativa: integrar energía solar y sombra en un solo paquete. Su tecnología es un sistema agrivoltaico con inteligencia artificial integrada que permite orientar los paneles solares de forma inteligente. Los paneles dan sombra al viñedo, pero también ofrecen diversos grados de inclinación para regular la exposición a la luz solar. Así, los algoritmos de inteligencia artificial, basándose en las mediciones de humedad de suelo y calor, deciden la cantidad de sombra necesaria y el grado de inclinación de los paneles. Además de fenómenos meteorológicos como las olas de calor, la instalación puede proteger las viñas de otros problemas como el granizo o las heladas. Por supuesto, lo mejor de todo es que los agrícolas pueden generar su propia energía solar en el proceso para uso propio o bien para transferirla a la red.   

Inteligencia artificial en regadíos

Otro de los problemas causados por el calentamiento global son las crecientes necesidades de riego. Entended la humedad exacta que necesita un viñedo y poder regar las vides en consonancia es fundamental para obtener uvas de buena calidad. Por supuesto, el riego inteligente también evita un gasto innecesario de agua, lo que es menos costoso además de ser más ecológico. En la actualidad, el riego distribuye la misma cantidad de agua a todas las vides de un campo. Sin embargo, factores como la edad de las plantas, la cantidad luz solar recibida o el tipo de suelo significan que las necesidades hídricas pueden variar. Y ahí es donde entra la IA. Un sistema de riego modular conjugado con un análisis de IA puede dosificar el agua de cada planta en la cantidad exacta. Es un enfoque similar a los pesticidas y fertilizantes dosificados con precisión: saber cuánto hay que aplicar y contar con las herramientas necesarias para ello a través de IoT y robótica.

Los desafíos del calentamiento global y la escasez de recursos significan que todas estas tecnologías no solo serán una herramienta útil para los viticultores, sino un elemento crucial para su supervivencia.

Fuentes: PV Magazine, GroBank, Foods and Wines from Spain